A row of olive trees in a field

NUESTRA HISTORIA

El Sabor de un Legado Vivo

Tradición y excelencia en cada gota

En las tierras de Povedilla, el olivar no es solo un paisaje; es el latido de nuestra historia. Nuestra aventura comenzó en 1967, cuando un grupo de agricultores locales decidió unir sus manos, sus esfuerzos y sus campos bajo un mismo propósito: llevar la esencia de nuestra tierra a cada mesa, garantizando un futuro justo para el pueblo. Así nació la semilla de lo que hoy es la Cooperativa Agraria Oleícola "Santa Águeda y Nuestra Señora de Cortes".

La unión que nos hizo más fuertes

La historia no se escribe en solitario, se construye sumando fuerzas. Con el paso de los años, entendimos que para llegar más lejos debíamos caminar juntos. La unión estratégica entre las almazaras de Alcaraz y Povedilla no solo consolidó nuestra estructura, sino que fusionó la sabiduría tradicional de dos entornos privilegiados.

Esta alianza nos permitió crecer, modernizar nuestras instalaciones y competir con orgullo en el mercado, pero sin perder jamás el espíritu familiar que nos vio nacer. Hoy somos una gran familia de socios que comparten la misma pasión: el respeto absoluto por la aceituna y el aceite de oliva.

Pioneros en el respeto a la tierra

El verdadero progreso es el que respeta sus raíces. Por eso, en un mundo que a menudo olvida el ritmo de la naturaleza, nuestra cooperativa decidió dar un paso al frente y convertirse en un referente de la producción de aceite de oliva ecológico en la provincia.

Escuchamos a la tierra. Cuidamos cada oliva bajo estrictos estándares sostenibles, eliminando productos químicos y mimando la biodiversidad de nuestro entorno. El resultado no es solo un aceite de una calidad excepcional y pureza absoluta, sino la tranquilidad de saber que estamos protegiendo el suelo que heredarán nuestros hijos.

El viaje continúa...

Casi seis décadas han pasado desde aquellos primeros pasos en 1967. Hemos superado desafíos, hemos celebrado cosechas memorables y nos hemos transformado tecnológicamente para abrazar la modernidad.

Sin embargo, cuando miramos nuestros campos y vemos el entusiasmo de las nuevas generaciones que se suman a la almazara, nos damos cuenta de una gran verdad: todo lo que hemos logrado hasta ahora, cada gota de aceite y cada reconocimiento recibido, no es la meta.

Esto es solo el principio.